Arquitectura Viva 154

Arquitectura Viva 154

El número 154, 7-8/13 de Arquitectura Viva ‘Houses as Shelters. Spain, Ten Experiences in Difficult Times’ incluye la casa MP en Sesma. Reproducimos aquí el editorial de Luis Fernández Galiano.
The issue 154, 7-8/13 of Arquitectura Viva ”Houses as Shelters. Spain, Ten Experiences in Difficult Times’ includes House MP in Sesma. We copy here the editorial text by Luis Fernández Galiano

Casa y cobijo
En tiempos de tribulación, la casa ofrece cobijo. Si el mundo alrededor está fuera de quicio, la tentación de enclaustrarse en la penumbra amniótica del ámbito privado es fácil de entender, porque lo doméstico nos aísla de las convulsiones del exterior. Tras la devastación causada por el terremoto de Lisboa, Voltaire escribió Candide, un cáustico relato cuyo optimismo panglossiano se ve a cada trecho desmentido por los infortunios que sufre su protagonista, hasta llegar a la conclusión melancólica de que, abandonando los grandes proyectos colectivos, «il faut cultiver notre jardin». En la crisis, el jardín de los arquitectos es a menudo el pequeño encargo residencial, un refugio profesional que permite seguir ejerciendo y explorando mientras la depresión económica continúa agostando el paisaje de la construcción, y un recinto íntimo para proteger a sus ocupantes de las desventuras que nos inflige la degradación de la esfera pública.

Resulta fatigoso subrayar una vez más que la residencia exenta no debería ser el objeto prioritario de nuestra atención. Tanto por razones ecológicas como éticas, la inteligencia compartida de los arquitectos tiene mejor uso en la vivienda colectiva que en la casa unifamiliar. En el terreno de la ecología y la energía, la ocupación limitada del territorio que favorecen los desarrollos residenciales compactos es indudablemente preferible al despilfarro de recursos que supone la urbanización dispersa; y en el campo más impreciso de la elegancia ética, siempre parecerá más deseable emplear el talento y el esfuerzo al servicio de las demandas objetivables de una población que en el empeño por dar forma construida a gustos individuales. Alejandro de la Sota pensaba que sólo era lícito proyectar casas si servían de ensayo constructivo o funcional para obras de mayor escala y más general propósito, y es probable que su rigurosa exigencia siga hoy vigente.

Por más que la sociología de la vivienda tenga preeminencia sobre la psicología de la casa, las que aquí se presentan ofrecen un retrato verosímil de la España de esta hora, porque la acumulación de sus rasgos singulares compone un paisaje pixelado en cuyo perfil reconocemos el rostro de un país en horas bajas, donde a la interminable crisis económica se suma una decepción con los espacios y las instituciones comunes que nos alejan del dominio público, empujándonos hacia el refugio tibio de lo doméstico. Estas seductoras teselas residenciales forman un mosaico amable con virtudes analgésicas, pero los males que nos afligen no se disolverán ignorándolos: antes o después deberemos abandonar el cobijo e iniciar la reconstrucción del ámbito colectivo. No hay recinto introvertido que pueda quedar intacto en las grandes catástrofes sociales, que agrietan los muros de las casas y destrozan los jardines laboriosamente cultivados.

Houses as Shelters
In troubled times, a house offers shelter. If the world around is out of joint, the temptation to shut oneself in the amniotic penumbra of the private realm is understandable, because the domestic isolates us from the convulsions of the world outside. After the devastation left behind by the Lisbon earthquake, Voltaire wrote Candide, a caustic story in which Panglossian optimism is challenged every step of the way by the misfortunes of its protagonist, reaching the melancholy conclusion that, once the ambitious collective projects have been given up, “il faut cultiver notre jardin”. During crisis, the garden of architects is often the small residential project, a professional refuge that allows them to go on working and exploring while the economic depression continues withering the landscape of building, and a private space to protect its dwellers from the afflictions that the decaying public sphere casts upon us.

Always having to stress that the freestanding house should not be the center of architectural attention can indeed be wearisome. Both for ecological and ethical reasons, the architects’ shared intelligence is of better service in collective housing than in individual homes. In the field of ecology and energy, the limited occupation of the territory that compact residential developments allow is undoubtedly preferable to the waste of resources that comes with sprawl; and in the more imprecise terrain of ethical elegance, it will always seem more desirable to put talent and effort at the service of the objective demands of a population than to focus on giving built form to individual tastes. Alejandro de la Sota thought that designing houses was licit only if they served as a constructive or functional test for large-scale works with a more general purpose, and his strict demand is probably still valid today.

Even though the sociology of housing should prevail over the psychology of the house, the ones included here offer a credible portrait of Spain today, because their individual features all together compose a pixeled landscape whose profile speaks of a country going through hard times, where the endless economic crisis is accompanied by a feeling of disappointment with the common spaces and institutions that draw us away from the public domain, pushing us into the mild refuge of the domestic. These captivating residential tesserae form a friendly mosaic with analgesic virtues, but ignoring our problems will not make them go away: sooner or later we will have to leave shelters behind and embark on the reconstruction of the collective realm. In the end, no introverted space can be totally safe from social catastrophes, which tear the walls of houses and destroy the most well-kempt gardens.