en esencia

en esencia

texto incluido en el número 37 de la colección Arquitecturas de Autor dedicado a la obra de RCR

EN ESENCIA
Después de la visita a algunos de los edificios de RCR se hace más patente la dificultad de poder resumir, en un texto más o menos extenso, las sugerencias vividas de la apreciación directa de su arquitectura. Además, pretender sintetizar en unas pocas líneas lo más característico de sus obras también es más difícil de lo acostumbrado al hablar de arquitectura ya que, si al acercarse a la obra de la mayoría de los arquitectos contemporáneos es frecuente poder definir un marco más o menos consensuado en el que situar sus obras, Aranda-Pigem-Vilalta son de difícil catalogación. Y eso es bueno. No creo conveniente describir aquí cada uno de los proyectos recogidos en esta publicación, porque creo sinceramente que cualquier relato al respecto, por muy riguroso que pretendiera ser, parecería ridículo para quien hubiera visitado esos edificios, al igual que sucede cuando, al fin, conocemos de primera mano alguna obra de la que hemos leído quizá demasiado. Tampoco me parecería sensato recurrir a un texto académico en el que una amalgama de citas y referencias buscaran contrastar cada una de las apreciaciones, cayendo así en una espiral violenta de justificaciones. La realidad, y no me avergüenza confesarlo, es que abordo estas líneas desde una posición de absoluta devoción y sana envidia por la arquitectura de RCR, de la que me siento tan admirador como ferviente defensor, y aún más después de conocer personalmente a Carme, cuya personalidad, sincera y directa, soy capaz de identificar también en la materialización de su trabajo.

Sin embargo, veo oportuno apuntar, en defensa de la que me parece obligada visita a la realidad construida, que pese a que las expresivas fotografías que a menudo acompañan la obra de RCR son capaces de transmitir mucha de la emoción de sus objetos arquitectónicos, no dan fe, por ejemplo, de la silenciosa atmósfera que envuelve gran parte de esos proyectos. Podría hablarse, en primer lugar, de la abstracta y casi mística soledad que se respira en algunos de esos lugares, como la pista de atletismo, el pabellón del baño o el parque de Les Preses. Sí es cierto que no son siempre lugares vacíos o despoblados, pero lo están a menudo, casi siempre. Es ahí donde la arquitectura de RCR se encuentra, creo, con su lado más íntimo, en el que los límites entre paisaje y arquitectura son tan ambiguos que se solapan e intercambian, y también porque son proyectos en los que el programa suele reducirse, precisamente, a su propia inexistencia, permitiendo que lo único realmente necesario sea cualificar el entorno. Lejos de retorcidas formalidades arquitectónicas, es ahí donde se respira, con ayuda del silencioso y bello entorno natural de La Garrotxa, en el que se encuentran, la más radical esencialidad arquitectónica. Así, las habituales referencias minimalistas con las que se definen estas obras cobran sentido, pero sólo al ser consideradas en su más estricto significado arquitectónico: la exquisitez constructiva.

Y así lo creo porque, sinceramente, si las fotografías de algunas obras, como el pabellón del baño o el espacio polivalente en Riudaura, transmiten una sensibilidad exquisita, las limitaciones del medio fotográfico impiden acercarse, por sí mismas, a la belleza derivada de la sección constructiva de esas piezas, apreciable ya a simple vista en los planos y confirmada después de un análisis más profundo y una visita al lugar. La decidida opción por la economía de gestos hace que sólo sean posibles aquéllos realmente esenciales y sinceros, despojándose al instante, de un plumazo, manierismos retóricos o gestos banales. Tampoco es casual que estos silenciosos proyectos tengan una escala muy particular, decía que íntima, en la que la esencia arquitectónica, y quizá porque sólo es posible en este tipo de proyectos, es patente hasta en el último perfil de remate, convirtiéndose, por cierto, en auténticas lecciones magistrales de construcción en acero.

Capítulo aparte merecen sus casas, exquisitas, en las que el decidido convencimiento de sus autores ha sido capaz de contagiar la emoción y pasión por el hecho arquitectónico a personas corrientes, no necesariamente conocedoras de la cultura de la arquitectura contemporánea, pero que han sabido confiar, hacerse cómplices y dejarse arrastrar por la convicción profunda de que los estereotipos residenciales habituales no son, ni mucho menos, obligados, y que es posible conseguir una arquitectura radical, con mayúsculas, sin alardes técnicos ni pomposos despilfarros.

Por otro lado, esa idea recurrente de línea horizontal y pura sobre el paisaje, que se empeña en aparecer en gran parte de su obra, y que parece una directa traslación de esos bonitos dibujos a tinta que empapelan las paredes de su estudio en Olot, no es otra cosa que la más estricta definición de una modernidad que junto a parámetros tan esenciales como la abstracción, esencialidad, transparencia o levedad, acaban de conformar la maleta con la que RCR aborda el viaje hacia gran parte de sus propuestas.

Finalmente, parece obligado hacer referencia a una aproximación a la arquitectura de RCR desde esa, parece que ya “consensuada”, consideración de condición periférica. No tanto respecto a la realidad física que, ciertamente, deja Olot algo alejado de las tradicionales capitales de arquitectura contemporánea, sino porque el carácter de muchas de esas obras difiere en gran medida de los estereotipos con los que maestros se han acercado a la disciplina constructiva. Y eso también es bueno, porque demuestra así que, lejos de lo que muchos piensan, el trabajo riguroso y honesto encuentra al fin su reconocimiento, de manera independiente y lejos de la fiebre por el éxito que a menudo frustra, paradójicamente, el futuro de muchos jóvenes arquitectos. Aranda-Pigem-Vilalta apostaron desde sus inicios, como ellos mismos cuentan a menudo, por un acercamiento sincero a la arquitectura, lejos de palabrerías y pedantes retóricas, primando el buen hacer y dejando que las obras hablaran por sí mismas. Sin duda, una excelente (e)lección.

IN ESSENCE
Following a visit to some of the buildings of RCR Architects, we see just how difficult it is to sum up in a single text, long or short, the insinuations experienced through a direct interpretation of their architecture. Moreover, attempting to encapsulate in a few short lines what can be considered most characteristic of their work is also far more difficult than is customary when speaking about architecture because, while approaching the work of the majority of contemporary architects we are frequently able to come to some sort of consensus on the framework in which to situate their work, Aranda-Pigem-Vilalta are not so easy to categorize. Which is a good thing. I don’t think it appropriate to describe here each of the projects included in this journal because I sincerely believe that anything said in this connection, regardless of how rigorous it aims to be, would border on preposterous for anyone who has actually see those buildings, the same as occurs when we finally see with our own eyes a work about which we have perhaps read too much. Nor does it seem reasonable to draw from an academic text in which a hodgepodge of quotes and references aim to compare each of the interpretations, falling into that violent spiral of justifications. In truth, and I am not ashamed to admit it, I am writing these lines from a position of complete devotion and healthy envy of RCR’s architecture, of which I consider myself both an admirer and a fervent defender, and even more so after personally meeting Carme, whose sincere and direct personality can be identified in the materialization of his work.

It does seem pertinent to point out, however, in defence of what is for me a mandatory visit to constructed reality, that even though the expressive photographs that often accompany the work of RCR are able to transmit much of the emotion of their architectural objects, they do not even begin to touch upon the silent surroundings that envelop many of these projects. To begin with we could mention the abstract solitude, bordering on mystical, that you feel in some of these places, like the athletic track, the bathing pavilion or Les Preses park. It is true that they are not always empty or uninhabited spaces, but in many cases they are. It is here where the architecture of RCR comes face to face with its most intimate facet, in which the confines between landscape and architecture are so ambiguous that they overlap and run together; they are likewise projects in which the program is reduced, precisely, to the inexis- tence of being, making the only thing necessary that of describing the surroundings. Far from convoluted architectural formalities, it is here where we discover, with the help of the silent and radiant natural surroundings of La Garrotxa where the structures are located, the most radical architectural essence. Now, the usual minimalist references which are so often used to define these works make sense, but only if they are understood in their strictest architectural meaning: architectural exquisiteness.

And I believe this to be so because, honestly, if photographs of some of the works, like the bathing pavilion or the multi-use space in Ruidaura, transmit an exquisite sensitivity, the limitations inherent in the medium of photography make it impossible to approach, by means of photography alone, the beauty derived from the built-up section of these pieces, which is patent in the project and confirmed following a more in depth analysis and a visit to the site. The determined choice of an economical use of movement allows solely for those which are truly essential and sincere, throwing off all rhetorical mannerisms and banal gestures in the blink of an eye. Nor is it any accident that these silent projects are built to a particular scale –I would say intimate– in which architectural essence, and perhaps because it is only possible in this type of project, is manifest even in the smallest finishing detail, transforming them into veritable master classes in steel construction.

The exquisite houses of RCR merit a chapter apart. Here, the determined conviction of the authors has actually infected common, everyday people, not necessarily experts in contemporary architectural culture, with emotion and passion, and they have let themselves trust, participate in and be carried away by the profound certainty that customary residential stereotypes are not at all necessary, and that it is possible to create truly radical architecture without resorting to showy techniques or ostentatious extravagance.

Yet, this recurring idea of a line which stretches pure and horizontal over the landscape, which appears over and over in much of their work and which seems a direct translation of those lovely ink drawings that cover the walls of their studio in Olot, is nothing more than the definition of modernity in its strictest sense, which together with such essential parameters such as abstraction, essentiality, transparency and lightness, fill out the case which RCR packs for their trip towards the greater part of their work.

And finally, we mustn’t forget to mention an approach to the architecture of RCR from the now “agreed upon” angle of periphery. But not so much as concerns the physical reality which, undoubtedly, sets Olot somewhat apart from the traditional capitals of contemporary architecture, but because the character of many of these works differs greatly from the stereotypes which the masters have used to approach the discipline of building. Which is also good, because it shows that, far from what many may think, rigorous and honest work will be recognized in the end, independently and far from the fever of success which often paradoxically thwarts the future of many young architects. Aranda-Pigem-Vilalta aimed from the beginning, as they themselves often confirm, for a sincere approach to architecture, far removed from lofty talk and pedantic rhetoric, giving priority to good, solid work and allowing their projects to speak for themselves. Undoubtedly, a fine choice and a choice lesson.

Título: ‘en esencia’, en Arquitecturas de Autor, AA37
Edita: T6) Ediciones, Pamplona
Autor: Rubén A. Alcolea
ISBN: 978-84-89713-41-3
Páginas: 47
Tamaño: 29,7 x 21 cm