What is the Future of Academic Publishing?

What is the Future of Academic Publishing?

editorial del número 14 de Ra, Revista de Arquitectura, june 2012

WHAT IS THE FUTURE OF ACADEMIC PUBLISHING?
The Chronicle of Higher Education es un periódico semanal que recoge noticias e informaciones académicas en Estados Unidos, ofertas de puestos de trabajo universitarios e incluye una sección dedicada al arte y las ideas. Se edita en Washington, D.C. y tiene alrededor de 64.000 suscriptores y estimados más de 315.000 lectores. Su versión digital diaria añade a los contenidos de la versión impresa, entre otras cuestiones, foros de discusión y diversas herramientas dirigidas a la academia. Tiene más de 1,9 millones de visitantes únicos al mes[1].

‘What is the Future of Academic Publishing?’ (¿Cuál es el futuro de la publicación académica?) es el título de una entrada reciente en su versión digital, que se advierte forma parte de una serie –Digital Challenges to Academic Publishing– (Los retos digitales de la publicación académica) con un total de cuatro entrevistas (hasta el momento) a diversos editores del mundo académico. Recoge una interesante conversación con la directora editorial de MIT Press al hilo de la pregunta. La entrevistadora comienza pidiendo su parecer al hecho de que algunas voces autorizadas en Estados Unidos estén alentando a los investigadores a publicar sus trabajos académicos on-line –por ejemplo en blogs–  sin esperar a hacerlo después en los canales tradicionales, por ejemplo en un libro, añadamos una revista impresa.

La contestación, nada sencilla, es quizá algo tibia aunque realista, y se podría reducir a aspectos económicos. Efectivamente, si pensamos que divulgar anticipadamente en el entorno digital supondrá reducir la posible audiencia (y no aumentarla) los costes de producir un libro, o una revista, son inasumibles en los dos primeros años, que es el tiempo que el mundo editorial estima para recuperarlos. Aunque, ante la falta de estudios que aporten datos –que las editoriales universitarias no pueden afrontar o arriesgar con sus propias publicaciones– y por encima de los casos anecdóticos en un sentido y otro, no está claro que publicar primero una investigación en medios ‘no clásicos’ ayude o perjudique la posterior ‘clásica’ e impresa[2]. Obviamente, antes tenemos que dar por bueno el argumento de fondo, esto es, que el libro o la revista académica debe generar siempre beneficios, cuando menos no ser deficitaria, por encima de otros propósitos.

Dejando esto aparte, lo cierto es que, en un sentido amplio, los modos de comunicación han evolucionado radicalmente en los últimos años y el caso de la investigación en la historia, crítica y teoría de arquitectura y su difusión no es una excepción. No es necesario extenderse en esta cuestión, es evidente que las posibilidades de comunicación se han multiplicado. Puede aducirse que esto genera muchas veces transmisión de mera información acrítica y contenido dudoso o falto de rigor[3].

Más aún, no hay que echar la vista muy atrás para comprobar que los mismos métodos de investigación académica distan mucho de los de, simplemente, hace diez años. Si el acceso más o menos libre a bases de datos, bibliotecas, depósitos académicos, revistas, archivos o contenidos de cualquier tipo digitalizados procedentes de instituciones públicas y privadas, permiten a cualquier investigador disponer de un caudal de información casi ilimitado, además, “internet ha creado un escenario donde cualquiera puede convertirse en autor siendo su propio editor.”[4]

Así, la proliferación de medios no impresos es exponencial. Basta, por ejemplo, consultar el creciente proyecto ‘Archizines’ que selecciona y archiva revistas, periódicos y fanzines independientes editados desde el año 2000 de todo el mundo, que “sean una alternativa a la edición de arquitectura establecida”[5]. En su mayoría, sobretodo las más recientes, tienen ya un origen exclusivamente digital frente a las que aparecen así completando una versión inicial impresa. Sin embargo, paradójicamente, las que apuestan por la salida en la red mantienen todavía residuos del formato impreso, en su diseño y porque después permiten la impresión, ya sea libre o de pago, ‘self service’ o ‘print on-demand’.

Con todo, no deberíamos dejarnos seducir en exceso por la inmediatez y lo profuso del fenómeno. La atomización de mensajes, la necesidad de encontrar una expresión propia, de convertirse uno mismo en editor, no es nueva en el panorama. Sí lo son los medios que lo permiten. Lo recuerda Beatriz Colomina sobre la explosión de formas nuevas de publicación, las pequeñas publicaciones independientes de arquitectura, en las décadas de los años 60 y 70. La aparición de nuevas tecnologías de impresión, sin necesidad de especialización y de relativo bajo coste, fue crucial para que cualquiera pudiera editar su propia revista[6]. En el contexto económico actual puedan pesar más estos motivos –accesibilidad y coste reducido– que decisiones editoriales conscientes, pero lo cierto es que el paso de revistas impresas a lo digital y el de nuevas revistas digitales, son casos cada vez más numerosos.

De modo más reflexivo y al amparo de las posibilidades de la red, también se abren paso otras formas alternativas de edición, por ejemplo tipo ‘bottom-up’, es decir de abajo hacia arriba y basadas en la colaboración abierta en las que cualquiera puede añadir contenidos a la llamada del editor y su supervisión[7].

La revista (o libro) que catalogamos como ‘académica’ o ‘científica’, no obstante, tiene algunas peculiaridades propias, además de distintos mecanismos para asegurar la ortodoxia y calidad de sus contenidos. Pero este debate es estéril, pues nada impide recurrir a estos mecanismos en un entorno digital, como de hecho sucede. Quizá si es debatible si la calidad de una revista o libro debe medirse como hasta ahora por un ‘factor de impacto’ basado en el número de citas que recibe o, por ejemplo, debería considerarse el número de descargas en un repositorio, o de visitas en la página web en el que, previa (si atendemos los consejos de las voces autorizadas) o posteriomente, fue publicado.

Volviendo a la entrevista, al final se responde a la pregunta sobre el futuro de las publicaciones académicas. Éstas, se dice, “resistirán en la medida que sean capaces de ofrecer valor añadido a los autores y sus lectores, y tengan el apoyo de sus instituciones. En el presente y el futuro más próximo veremos nuevos modelos para la publicación académica incluyendo modelos financiados de acceso abierto, colaborativos y de asociación globales para desarrollar y diseminar investigación de calidad por todo el mundo”. Para la editora norteamericana el futuro está en la capacidad de preservar y dar un acceso más rápido y amplio a la buena investigación y el conocimiento. La políticas europeas, por su parte, ya no plantean el ‘si’ sino el ‘cómo’  llevar a cabo el objetivo del acceso abierto y gratuito a la información científica financiada públicamente –particularmente a través de las revistas académicas– de aquí a 2020[8].

Con todo, ante la pregunta sobre un futuro que no podemos adivinar, sí debemos seguir alentando el debate y la reflexión, mientras tanto acudir, por ejemplo, a Romano Guardini. En 1948 pronunciaba una conferencia que se publicaría tres años más tarde. En el prefacio a El elogio del libro,[9] leemos:

“Había escrito mucho y estaba en condiciones de diseñar el discurso; eran los primeros años de la posguerra, años en los que los libros buenos eran escasos y los que estaban a nuestra disposición eran muy pobres. Hoy es distinto. Muchas cosas buenas e importantes están de nuevo a nuestra disposición y tenemos el derecho a esperar que se hagan bien. No obstante, algunos han comprendido que tener libros no es algo obvio; y nos es suficiente con echar una ojeada al Este más cercano para darnos cuenta de cómo poder disponer todavía libremente de libros es un signo de salvaguardia de la dignidad humana.Tenemos, por tanto, motivos para reflexionar un poco sobre lo que en ellos se nos ha custodiado y que quizás no hemos apreciado como debíamos.”

(entiéndase ‘libro’ en el sentido más amplio de medio impreso y léase haciendo un paralelo con los medios actuales)

En definitiva, poca objeción puede plantearse a las anteriores reflexiones contenidas en la entrevista recogida en The Chronicle, al menos en lo tocante a la apuesta por la calidad de la investigación que debe ofrecer una revista del perfil que nos ocupa. Quizá este es el ‘valor añadido’ que debe perseguirse, muy por delante de otros elementos que siempre podemos interpretar como circunstanciales o cambiantes. Y aunque sea cierto que facilitar el acceso ‘rápido y amplio’, incluso más allá de los círculos propios, o que el apoyo y la colaboración entre instituciones son algunas de las características intrínsecas de la investigación académica, al menos ésta de ofrecer al lector lo mejor posible de la investigación académica en nuestros campos de interés editorial es la apuesta decidida de Ra, Revista de Arquitectura, que no se agota ni en estas brevísimas consideraciones ni en las páginas que siguen.

english version of the editorial of Ra, Revista de Arquitectura issue 14, june 2012

WHAT IS THE FUTURE OF ACADEMIC PUBLISHING?
The Chronicle of Higher Education is a weekly newspaper that gathers news and academic information throughout the United States, job opportunities for university majors, and a section devoted to art and ideas. It is published in Washington D.C. It has around 64,000 subscribers and over 315,000 readers. Its daily digital version adds to the paper issue, among other things, discussion forums and several tools directed to the academia. It has over 1,9 million monthly single visits[1].

What is the Future of Academic Publishing? is the title of a recent article in its digital version, part of a series –Digital Challenges to Academic Publishing– with a total of four interviews (to date) to different editors from the editorial world. It collects an interesting conversation with the publishing director of the MIT Press regarding the question. The interviewer begins querying about the fact that some personalities throughout the U.S. encourage researchers to publish their academic works in on-line media –such as blogs– without the need for a later publication on traditional media such as a book or a printed magazine.

The reply, not easy, is perhaps mild but realistic, and could be summoned to economical aspects. As a matter of fact, if we think that publishing previously in the digital realm will imply diminishing the possible audience (instead of increasing it) the costs of producing a book, or a magazine, are unaffordable during the first two years, which is the time the publishing world foresees to retrieve investment. Although, in spite of the lack of studies providing facts –that academic publishers can’t risk with their own publications– and above the incidental examples in one sense or another, it is not clear that publishing a paper in ‘non classical’ means can help or harm the later printed or ‘classical’ version[2]. We must obviously believe the backdrop statement, which implies that the academic book or magazine, above any other means, must always generate benefits, or at least not generate losses.

Regardless of these issues, truth is that in a broad sense, the media has evolved radically in the last years and research in the fields of architectural history, critique, and theory are no exception. It is not necessary to expand on this issue, it is clear that the communication possibilities have multiplied. It can be said that these can generate a transfer of mere uncritical information and doubtful contents[3]. Further more, we don’t have to look back too far to realize that the same methods of academic research are far from the ones only ten years ago. If the rather easy access to databases, libraries, academic deposits, magazines, files or any sort of digital contents provide any researcher with an almost unlimited flow of information, furthermore “internet has set the stage for anyone to become an author being his own publisher”[4].

Thus, there has been an exponential proliferation of non-printed media. It is enough to check the growing project ‘Archizines’ which selects and files magazines, newspapers and independent fanzines published throughout the world since the year 2000, being an alternative “to the establishment of architectural press”[5]. Most of them, specially the most recent ones, have a strictly digital origin against those who appear to complete a previously printed version. However, the on-line ones paradoxically maintain residues of the printed ones in their design, mainly to allow for later printing, whether it is for free or with a fee, self service or print on-demand.

We shall not be captivated by the phenomenon’s immediacy and abundance. The atomization of messages, the need to find one’s expression and become a publisher is not something new. The means that allow it are. Beatriz Colomina reminds us about the emergence of new publishing means, small independent architectural periodicals that appeared during the 60s and 70s. The apparition of new printing technologies, without the need to specialize and with a relative low cost, was crucial for everyone to be able to publish their own magazine[6]. In the current economic context these means –low cost and accessibility– might be more important than conscious publishing decisions, but truth is that the there is a constant increase of printed magazines evolving to digital and brand new digital ones.

On the other hand, the net offers many possibilities for alternative publishing manners, such as ‘bottom-up’, from base to the top based on crowd sourcing where anyone can add contents overseen by a publisher[7]. The ‘academic’ or ‘scientific’ magazine (or book) has however its own peculiarities, as well as several mechanisms to ensure the orthodoxy and quality of its contents. But this debate renders futile since nothing prevents us to resort to these mechanisms in a digital realm as it does happen. Perhaps what is arguable is measuring the quality of a magazine or books through its ‘impact factor’ as done today, based on the number of times it is quoted or if it should be considered the number of downloads or visits to websites where it has been published previously or afterwards.

Back to the interview, the question about the future of academic press is answered towards the end. These “will stand as long as they are capable of providing added value to authors and readers, and have the support of institutions. Today and in the near future we will see new models for the academic press including crowd funded and sourced global schemes to develop and spread quality research throughout the whole world”. MIT Press director believes the future lies in the capability to preserve and provide a quicker and broader access to quality research and knowledge. European policies, however, are not proposing ‘if’ but ‘how’ to reach the goal of providing open and free access to the scientific information backed by public funding –specially through academic press– until 2020.[8] Faced by a future we cannot foretell, we must continue promoting debate and reflection, and at the same time turn to Romano Guardini, for example. In 1948 he gave a lecture published three years later. In the preface to In Praise of the Book[9], we read:

I had written a lot and was ready to design the discourse: back in the early post-war years good books where scarce and the ones available where weak. Today everything is different. Many good and important things are available again and we have the right to expect them to be done right. However, some have understood that having books is not something obvious; and it is enough to look towards the close East to realize how being able to freely access books is a signal for the defence of human dignity.

We thus have enough arguments to consider what we can watch over in them and perhaps is sometimes overlooked.

(Now understand ‘Book’ in the broadest sense of printed media parallel to the current media).

Well, in short, little objection can be raised to the above reflections in the interview of The Chronicle, at least with regard to the focus on the quality of any research that should include the kind of magazines we are discussing. Perhaps this is the ‘added value’ to be pursued, well ahead of other elements that can always be interpreted as circumstantial or changing. And although it is true that to facilitate ‘fast and widespread’ access, even beyond the inner academic circles, as well as the support and collaboration between institutions are some of the characteristics of academic research, at least that of give the reader the best possible academic research in our fields of editorial interest is the firm commitment of Ra, Revista de Arquitectura, which is not exhausted in these very brief considerations or in the pages that follow.

Título: What is the Future of Academic Publishing?
Edita: Ra Revista de Arquitectura, número 14, junio 2012
Autor: Jorge Tárrago
ISSN: 1138-5596


[1] Data taken from www.chronicle.com
[2] “What is the Future of Academic Publishing? An interview with Gita Manaktala from MIT Press” july 17 2012  online version The Chronicle of Higher Education.
[3] See MAScontext, issue 14 Communication, specially KLAUS, “Modern Talking [don’t you…forget about me]”. Klaus refers to the debate arised by Peter Kelly on the new architectonic culture provoked basically by blogs. KELLY, Peter, “The New Establishment” in Blueprint magazine nº 297, December 2010. www.blueprintmagazine.co.uk
MAS context can be both downloaded and printed on demand. www.mascontext.com
[4] KLAUS, “Modern Talking…”, cit.
[5] www.archizines.com
[6] www.clipstampfold.com. Clip/Stamp/Fold. The Radical Architecture of Little Magazines 196X to 197X, Actar, Barcelona, 2010.
[7] For example in spanish recent context AA.VV., The importance of the way stories are being told, dpr-barcelona, Barcelona, 2012 as the continuation of the debate ‘Communication and Bottom-UP. The importance of the way stories are being told’ held in Barcelona in june 2012 inside Eme3 activities.
[8] http://ec.europa.eu/research/science-society/index.cfm?fuseaction=public.topic&id=1294&lang=1
[9] GUARDINI, Romano, El elogio del libro, El taller de libros, La Coruña, 2007. Downloaded (spanish) from ww.aquiseencuaderna.com. The original text is a 1948 conference in the Leibniz Kolleg of the University of Tubingen.